martes, 5 de mayo de 2009

La pobre viejecita

Para escuchar la canción haga click en la nota musical verde del reproductor en el lado izquierdo de ésta página.

Letra: Rafael Pombo.

Intérpretes: Guillermo Vives y Carlos Vives.

Plagio evidente o una extraña coincidencia: leyendo hace algún tiempo la novela "Tiempos difíciles" de Charles Dickens, encontré en su página 25 la siguiente cita:

Era un viejecita ochentona.
¿Qué creéis que hizo la bribona?
Se mantenía de carne y ron; ron y carne eran
siempre su ración,
y aun con eso, la vieja, a los ochenta,
siempre estaba quejosa y descontenta.

Dice el escritor inglés que es la moraleja de una fábula que se le contaba a los niños. Difícil tarea la de establecer si realmente hubo algún tipo de plagio entre alguno de estos escritores contemporáneos (Pombo y Dickens) , o simplemente es una coincidencia de ideas similares en distintas partes del mundo, que bien pudo producirse. Queda planteada la inquietud. Por ahora, espero disfruten la versión colombiana...



Érase una viejecita
sin nadita que comer
sino carnes, frutas, dulces,
tortas, huevos, pan y pez.

Bebía caldo, chocolate,
leche, vino, té y café,
y la pobre no encontraba
qué comer ni qué beber.

Y esta vieja no tenía
ni un ranchito en que vivir
fuera de una casa grande
con su huerta y su jardín.

Nadie, nadie la cuidaba,
sino Andrés y Juan Gil,
y ocho criados y dos pajes
de librea y corbatín.

Nunca tuvo en qué sentarse
sino sillas y sofás
con banquitos y cojines
y resorte al espaldar.

Ni otra cama que una grande
más dorada que un altar,
con colchón de blanda pluma,
mucha seda y mucho olán.

Y esta pobre viejecita
cada año, hasta su fin,
tuvo un año más de vieja
y uno menos que vivir.

Y al mirarse en el espejo
la espantaba siempre allí
otra vieja de antiparras,
papalina y peluquín.

Y esta pobre viejecita
no tenía que vestir
sino trajes de mil cortes
y de telas mil y mil.

Y a no ser por sus zapatos,
chanclas, botas y escarpín,
descalcita por el suelo
anduviera la infeliz.

Apetito nunca tuvo
acabando de comer,
ni gozó salud completa
cuando no se hallaba bien.

Se murió del mal de arrugas,
ya encorvada como un tres,
y jamás volvió a quejarse
ni de hambre ni de sed.

Y esta pobre viejecita
al morir no dejó más
que onzas, joyas, tierras, casas,
ocho gatos y un turpial.

Duerma en paz, y Dios permita
que logremos disfrutar
las pobrezas de esa pobre
y morir del mismo mal.

1 comentario:

sofia dijo...

se que esta viejecita es muy desagradecida porque teniendo decia no tengon nada.
soy sofia y quiero que me anotes en messenger mi correo es
sofia3654@hotmail.comagregame me encanto esta fabulay demosle gracias a dios que tenemos aunque sea comida para comer vestido para vestir y una hermosa familia que esta en casa para juntarse y adornar el hogar doy gracias a dios por ese regalo tan hermoso que me concedio.