miércoles, 29 de junio de 2011

Franz Kafka, un recorrido desde su humanidad hasta su obra.




Dos meses antes de su muerte en 1924, Franz Kafka le expresó en una frase testamentaria a su entrañable amigo, Max Brod, acerca de su obra literaria,



Todo lo que se encuentre al momento de mi muerte, debe ser quemado sin leerse.







Brod, tomó la sabia determinación que beneficiaría a la humanidad entera, desobedeciendo la perentoria orden. Para justificar su decisión, arguyó con una conversación que ellos mismos tuvieran tiempo atrás:



—Mi testamento será muy sencillo. En él te pido que lo quemes todo, me dijo Franz.



Todavía recuerdo exactamente lo que le respondí en aquella ocasión:

—Si me encargas seriamente eso, te digo desde ahora que no cumpliré tu ruego. Toda la conversación se llevó a cabo en el tono de broma que nos era habitual, pero, sin embargo, con esa secreta seriedad que siempre estaba supuesta entre nosotros. Si Franz hubiera estado verdaderamente persuadido de que me negaría a cumplir su voluntad y si hubiera tomado esas disposiciones verdaderamente en serio y con un carácter definitivo, habría designado otro ejecutor testamentario.








Max Brod






Personalmente, creo que en el fondo, Kafka quería que su obra fuera publicada, así sus palabras dijeran lo contrario. Inclusive, sus hechos denotaban que no deseaba que se cumpliera lo que le expresó a su amigo, porque de lo contrario ¿por qué no quemó todos sus cuentos y novelas él mismo? Sobre el por qué no se atrevió nunca a publicarlas en vida, se explica con un mal que ha afectado a muchos escritores desde siempre: un temor visceral a la exposición irrestricta de su intimidad.

La literatura ha sido catalogada per se como un oficio inútil. Esto se dice, claro está, de la literatura publicada y por lo tanto conocida por gran cantidad de personas. Entonces surgen otras preguntas, ¿qué se puede decir de obras que nunca salen a la luz pública? ¿Para qué le pudieron haber servido sus libros a Franz Kafka en el anonimato eterno?



Hay dos apartes de pensadores que se refieren a Franz y que por medio de sus frases, responden bastante bien a nuestras cuestiones. En primer lugar, Marthe Robert dice,


Kafka no es uno de esos poetas antiguos cuyo canto respondía a las necesidades y aspiraciones de todo un pueblo: es un escritor de hoy día, aislado, en medio de un mundo en el cual hace mucho que la literatura no tiene una función definida, y por consiguiente sin responsabilidad ni misión, libre por su misma inutilidad.



En seguida, citando de nuevo a Max Brod, nos complementa,



El hecho de que a pesar de todo su obra pudiera constituir un poderoso auxiliar para aquellos que aspiraban a la fe, a la naturaleza y a una perfecta salud del alma, no le preocupaba en modo alguno, pues buscaba para sí mismo con implacable seriedad el buen camino y quería mas aconsejarse a sí mismo que aconsejar a los demás.



Osando fusionar los dos anteriores en un solo pensamiento, me atrevo afirmar que Kafka era en realidad una persona muy egoísta, muy egotista; lo era así porque era el único trato que sentía recibir por parte del mundo extraño que lo rodeaba. Pagando entonces tanta carencia de humanidad con la misma moneda. Su auto referencia en primera persona nos lo confirma, cuando él mismo afirmó en muchas ocasiones,



Soy un hombre cerrado, taciturno, poco sociable, descontento, sin que todo ello constituya una infelicidad para mí, ya que es solamente el reflejo de mi meta. De mi modo de vivir en casa se puede sacar alguna deducción. Vivo en familia con personas bonísimas y afectuosas, más extraño que un extraño. Con mi madre no he cambiado en estos últimos años más de veinte palabras de promedio al día; con mi padre, nada más que el saludo. Con mis hermanas casadas y mis cuñados no hablo en absoluto, sin que esto signifique que esté enojado con ellos. El motivo es sencillamente éste: no tengo absolutamente nada que decirles. Todo cuanto no es literatura me hastía y provoca mi odio, porque me molesta o es un obstáculo para mí, por lo menos en mi opinión.



Rebelde como todos los jóvenes, se puede notar no tenía punto de encuentro con aquello que le resultaba desagradable. Por tal razón, al parecer su ensimismamiento nunca cambió, por lo cual trazó con claridad su porvenir,




Contemplado desde el punto de vista de la literatura, mi destino parece bastante simple. El deseo de representar mi fantástica vida interior ha desplazado todo lo demás, y además la ha agotado terriblemente, y sigue agotándola. Ninguna otra cosa podrá jamás conformarme.




Como conducto de una catarsis necesaria para seguir viviendo con minimizadas angustias, empleaba Kafka a la escritura. Por medio de ella podía entonces sacar cuantas penas afligían su existencia. Así que, no al estilo de la caja de pandora –de una sola vez- sino con uno muy propio, poco a poco, fue exorcizando de sí mismo sus demonios en la medida que la tinta manchaba el papel con sus historias fantásticas. Prueba irrefutable de esto es su Carta al padre, la cual empieza,


Querido padre:
Una vez, hace poco, me preguntaste por qué afirmaba yo que te tengo miedo. Como de costumbre, no supe contestarte nada, en parte precisamente por ese miedo que te tengo, y en parte porque en la argumentación de ese miedo entran muchos detalles, muchos más de lo que yo pudiera coordinar hablando. Y si ahora intento contestarte por escrito, mi respuesta resultará de todos modos muy incompleta, porque también al escribir me cohíben frente a ti el miedo y las consecuencias, y porque la magnitud del tema rebasa grandemente mi memoria y mi entendimiento
.






Hermann Kafka, padre de Franz.





Este primer párrafo apenas nos da una pequeñísima pero muy fuerte introducción a la gran fuerza con la cual escribía, natural en una persona que tiene tanta preponderancia a dejar fluir su parte sentimental. Precisamente esta es otra de sus características, el tocar temas tan profundos de una manera tan clara, tan diáfana; tal como si fuera un diálogo por su forma, pero tan profundo como un tratado filosófico. La persona que quizá mejor lo conocía y que estaba en privilegiada posición para interpretarlo –dadas sus aptitudes, pues fue escritor, crítico de arte y periodista- fue su ya nombrado mejor amigo, también de origen judío Max Brod. Acerca de este último tópico resaltado de Kafka dijo,



Su lenguaje es claro como el cristal y en su superficie no se nota más que la aspiración de expresar el objeto correcto y nítidamente. Sin embargo, bajo el vivaz fuego de este límpido arroyo idiomático, fluyen sueños y visiones de profundidad insondable.




Ahora, sobre la escritura de nuestro F.K. se podría decir mucho bueno y en realidad poco negativo. En lo personal, la considero simplemente genial e inigualable. En realidad, me falta muy poco para haber abarcado toda su obra, por lo tanto, con ello puedo decir –en mi humilde concepto de simple lector- que es densa pero envolvente y esto lo demuestra desde sus primeras líneas. Ejemplifiquemos con dos casos excepcionales:


a. La metamorfosis inicia así:



Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto.


Gabriel García Márquez, dice sobre este impactante inicio, que cuando lo leyó por primera vez, sintió una envidia profunda, pues no concebía que se pudiera lograr tal calidad en una sola frase. Dice además, en su autobiografía Vivir para contarla, que luego de esa lectura estuvo intentando como loco escribir algo por lo menos parecido, y que aunque no sea una obra maestra, pero que de tal impulso surgió su primer cuento, La tercera resignación.



Estanislao Zuleta, filósofo, escritor y pedagogo colombiano, dice también sobre el inicio de esta obra maestra:



Cuando uno abre La Metamorfosis y lee sus primeras líneas, hay que interpretar o cerrar el libro. Ahí no se llama a nadie a engaño.



Ésta reflexión la hace el maestro Zuleta dadas las múltiples interpretaciones que se ha hecho de esta obra de Kafka.



b. Veamos nuestro segundo ejemplo, tomado de su obra El proceso,



Alguien tenía que haber calumniado a Josef K, pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo.



Aquí se puede notar otra característica espléndida de su obra, y ella es el hecho de que desde el principio y con muy pocas palabras, dé basta cuenta sobre el resto de la historia. Sin embargo, aunque sepamos desde el primer momento de que tratará, jamás se llegará a un final siempre esperado, pero que es aplazado justo cuando se está más cerca de él. Esta característica la notó el gran Jorge Luis Borges en la obra de Kafka, de la siguiente manera,



Ahora bien, ese procedimiento que se llama regresus in infinitum, Kafka fue el primero, o uno de los primeros, que lo aplicó a la literatura.

Un último pero interesantísimo aspecto a resaltar en la obra de Kafka es el que concierne al mundo onírico, del cual tenía un manejo tremendo por su interés en el tema. Solía inclusive apuntar sus sueños los cuales después refería a las personas con quienes mantenía correspondencia,



La otra noche te soñé, es la segunda vez. Un cartero me traía dos certificadas tuyas y me entregaba una en cada mano con un movimiento magníficamente preciso de los brazos que saltaban como émbolos de una máquina a vapor. Eran cartas mágicas. Podía extraer cuantas hojas quisiera sin que los sobres jamás se vaciaran. Me encontraba a mitad de una escalera y estaba obligado, no te ofendas, a tirar sobre los escalones las hojas ya leídas si quería extraer más de los sobres. Toda la escalera de arriba a abajo estaba cubierta de manojos de hojas y el papel elástico, ligeramente sobrepuesto, enviaba un fuerte murmullo.



Este punto álgido, de verdad que le pone sazón a las obras de Franz. En algunas de ellas, como en La Metamorfosis, El castillo, El proceso y unos de sus cuentos, se puede uno deleitar en un estado maravilloso de ensueño (estado entre dormido y despierto) mágico, donde se difumina la línea entre lo real y lo imaginario.



Por las anteriores razones básicamente, es que Franz Kafka logró enamorarme de la literatura y en él encuentro un aliciente perfecto cada vez que el hastío me aleja de ella.


2 comentarios:

E. C. Pedro dijo...

No sé si conoces a un grupo esloveno llamado Laibach. En uno de sus temas tiene una frase que le iría como anillo la dedo a la primera parte de este escrito:
"We shall give you nothing,
And in return we'll take even less". No sé si ya le hayas hechado un vistazo a "Los testamentos traicionados" de Kundera, que incluyen una interesante reflexión sobre la función desempeñada por Brod (en pocas palabras: es bueno que no haya hecho lo que le digeron, pero es malo que haya impuesto ciertas interpretaciones, alejándo a los lectores de la literatura). En fin, el consejo de E. Zuleta es relevante, pero me quedo con GGM, quien pensaba que al leer La metamorfosis debía uno imaginarse que los hechos sucedieron tal y como los describe el autor: sin excluir diferentes lecturas e interpretaciones, aceptar el elemento fantástico de la escritura es la mejor manera de gozarse la literatura.

¡Saludos!

Samgar dijo...

Pedro, fabuloso su aporte. No conocía el grupo pero ya mismo me pongo en la tarea de hacerlo. Tampoco he visto el texto de Kundera, la misma tarea haré.Y excelente la posición de Gabo, es cierto, ¿para qué buscar interpretaciones reales si se pueden vivir los hechos irreales de una manera mágica?
Gracias por el aporte.