lunes, 12 de julio de 2010

La injusticia de la ley

"Dura lex sed lex" (dura es la ley, pero, es la ley) dicen categóricamente los funcionarios encargados de aplicarla, sin argumentar más, pues, creen que esta sola frase valida plenamente todas sus actuaciones. Sin embargo, ¿los asistirá la razón si esa dura ley también es injusta?.

Ilustremos el problema con un ejemplo: Todos los ciudadanos por mandato constitucional y legal tienen derecho al uso y goce del espacio público, entendido este en sentido amplio como las plazas, parques y calles de la ciudad. Al mismo tiempo la Constitución y la Ley protegen el derecho al trabajo de todos los ciudadanos en capacidad de hacerlo. De esta manera, tanto los transeúntes comunes que a diario hacen uso de las calles y los vendedores ambulantes que necesitan del espacio público para desarrollar sus micronegocios, se amparan en las normas vigentes para evitar que sus derechos sean vulnerados.


En principio ambos grupos tienen parte de la razón y la jurisprudencia inteligentemente aborda el tema ponderando el derecho a la protección del espacio público con el derecho al trabajo digno y al mínimo vital, teniendo plena conciencia del favorecimiento que debe tener con los más pobres de la sociedad. Lamentablemente, la sana postura de la corte no logra transmitirse a los integrantes de la fuerza pública -policía- quienes en su afán de mantener el orden en la ciudad vulneran flagrantemente los derechos de los trabajadores. En las diligencias llevadas a cabo por estos funcionarios, se emplea mucha fuerza desmedida y los elementos incautados casi nunca son devueltos, siendo repartidos la mayoría de estos entre quienes los decomisan.



En todo caso esta pesada discusión poco importa al anciano vendedor de dulces al que se le decomisa su humilde y única fuente de sustento. A este desamparado social solo le preocupa -y con toda razón- que esta noche se acostarán con hambre quienes en su familia dependen de el. Su cabeza se llena de profunda incertidumbre al no lograr comprender porque las normas y la autoridad que nunca lo han cobijado, una vez más lo perjudican tan gravemente.